¿Por qué nos volvemos más felices cuando acariciamos a una mascota?

El contacto físico tiene el poder de calmarnos y hacernos más felices. Los pequeños toques cotidianos entre personas o incluso en las interacciones con las mascotas son suficientes para cambiar nuestro estado de ánimo.

Según la neurofisióloga sueca Helena Backlund Wasling, para sentir los efectos positivos del toque, incluso los contactos cotidianos más ligeros son suficientes. Esto se debe a que durante el contacto físico ocurre la liberación en el cuerpo de una sustancia llamada oxitocina, también conocida como hormona de la felicidad, explica la especialista de la Academia Sahlgrenska, la Facultad de Medicina de la Universidad de Gotemburgo (Suecia).

Además, el contacto físico activa las partes del cerebro que son responsables de la socialización. Apenas nacida, una persona ya necesita ser tocada para comenzar a formar vínculos con otras personas y esta necesidad permanece de por vida, detalla la médica quien recientemente publicó un libro llamado Närmare —Más cerca, en traducción libre —, en el que habla sobre la importancia del contacto físico.

Por supuesto, el contacto físico con otra persona, especialmente el contacto piel con piel, tiene el efecto más beneficioso sobre el estado de ánimo, subraya la médica. Sin embargo, acariciar a una mascota también tiene efectos positivos en nuestro humor, detalla el medio sueco Dagens Nyheter.

Estudios realizados anteriormente por el Instituto Skövde (Suecia) han revelado que los dueños de perros que a menudo acarician a sus mascotas tienen una presión arterial más baja y menos hormonas del estrés, detalla el diario.

«En otras palabras, el tacto es siempre tacto. Las mascotas son muy adecuadas para este propósito», subraya Backlund Wasling.

La científica sostuvo, además, que en el marco del experimento los científicos descubrieron que el cerebro es capaz de diferenciar una mascota viva de un juguete blando con pelaje similar. Acariciar el segundo no tiene los mismos efectos en el bienestar humano. La neurofisióloga cree que esto puede deberse a la reacción de respuesta que recibimos al acariciar un perro o un gato.

«Esto está asociado a la calidez, a la respiración, a algún tipo de respuesta que recibe una persona. Es agradable que alguien se deje acariciar, mientras demuestra que le gusta», afirmó la científica.

Pese a todos los beneficios del toque en nuestra salud, es importante siempre tener en cuenta si el contacto físico, por menor que sea, es o no bienvenido. Backlund Wasling teme que en la era del movimiento Me Too exista el riesgo de que las personas pasen a tener miedo del toque. Por otro lado, considera bueno que las personas, especialmente las que están en el poder, comenzaron a pensar más en cómo se comportan con los demás.

«La mayoría de la gente comprende bastante bien qué toque es apropiado y cuál no. Son muy pocas las personas que no sienten dónde está esta frontera», concluyó la especialista.

Sputnik

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