Cinco razones para dudar del regreso a las aulas

En el peor momento, tomamos la decisión de que los niños y jóvenes regresen a las aulas. Vaya paradoja .

Enrique Quintana

Vaya paradoja el día de ayer. Resulta que en la conferencia mañanera del presidente López Obrador se presentó como una decisión definitiva el regreso a clases presenciales el próximo 30 de agosto, cuando comienza el nuevo ciclo escolar.

Y por la tarde, la Secretaría de Salud dio a conocer que el número de nuevos contagios en las últimas 24 horas fue de 24 mil 975, un nuevo máximo desde que comenzó la pandemia.

Pareciera que el mundo está al revés. Por más de un año mantuvimos a los niños y jóvenes en esquemas a distancia, y en el peor momento, tomamos la decisión de que regresen a las aulas.

Obviamente se va a decir que si se siguen los 10 lineamientos que ayer emitió la SEP, va a ser un regreso seguro.

Lamentablemente no es así. Permítame exponer cinco razones por las que dudo que los argumentos del gobierno para regresar a clases presenciales sean sustentables.

1.- Ninguno de los lineamientos señala la verificación de las condiciones de las escuelas y de cada una de las aulas.

Existen cada vez más evidencias de que uno de los factores cruciales del contagio es la falta de ventilación adecuada.

En las recomendaciones se habla solamente de los grandes patios y zonas verdes que hay en las escuelas, en donde la SEP supone que podrían impartirse la clases. Sugiero a la secretaria que pregunte a los maestros si creen factible que de modo usual las clases regulares puedan impartirse en este tipo de espacios. Se puede llevar una sorpresa.

2.- Existen cada vez más evidencias de que los menores de edad también se contagian y se enferman.

Tal vez en las primeras fases de la pandemia, con las variedades del virus dominantes en ese momento, los menores contagiados eran asintomáticos o incluso había pocos contagiados.

A partir de que la variedad Delta del virus es la dominante en el país y en muchos lugares del mundo, las condiciones son diferentes.

El crecimiento de los contagios entre los menores es muy elevado. Los últimos datos indican un promedio de alrededor de al menos mil 200 nuevos casos diarios entre menores de edad. Un regreso a clases sin condiciones apropiadas va a disparar estos niveles a alturas inimaginables. Pero, como según López-Gatell, se mueren poco… para él, algunos cientos de niños y jóvenes fallecidos no van a ser problema.

3.- La proporción de adultos no vacunados sigue siendo muy elevada en México.

Las propias autoridades de la Secretaría de Salud han presentado las evidencias de que los hospitalizados y fallecidos provienen principalmente del segmento de la población no vacunada.

De acuerdo con los datos oficiales, poco más de 51 millones de personas han recibido al menos la primera vacuna. Las personas mayores de 30 años en México, que en su mayoría debieron haber sido vacunadas, suman 68 millones. Así que en ese rango de edad hay más de 15 millones de no vacunados.

Aun suponiendo que los menores son asintomáticos o desarrollen solamente una enfermedad leve, el potencial de que, al salir de las aulas, lleven el virus a quien sí se puede enfermar seriamente es demasiado alto.

4.- El ritmo de crecimiento de los contagios es cada vez más alto en nuestro país.

En la última semana el aumento fue de 15.8 por ciento. No tenemos idea de cuál vaya a ser la situación dentro de 17 días, que es la fecha del retorno a las aulas. Pero, si ese ritmo se mantuviera por dos semanas, llegaríamos el 26 de agosto a 33 mil 490 casos nuevos por día. ¿Cree usted sensato mandar a los niños a las escuelas con ese cuadro?

5.- Si de verdad hubiera preocupación por el hecho de que los niños regresarán a clases presenciales, los gobiernos federal y estatales hubieran invertido las cantidades indispensables de recursos.

No es suficiente ni remotamente con los filtros sanitarios que se piden a los padres de familia. Se hubiese necesitado inversión en infraestructura y canalizar recursos, por ejemplo para realizar pruebas que permitan una detección temprana de casos antes de que las cadenas de contagios se vuelvan inmanejables.

Como dice el adagio popular: que Dios nos agarre confesados.

Información de El Financiero

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