La UNAM e Hidalgo crearán primera aceleradora de negocios biotecnológicos en México

Esta aceleradora es la primera en Latinoamérica; vendrá a llenar el eslabón faltante en la cadena de investigación, desarrollo, escalamiento y fabricación masiva de los productos biotecnológicos en el país, para hacer efectiva la articulación academia e industria, dice Laura Palomares, directora del IBT de la UNAM.

El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue, y el gobernador del estado de Hidalgo, Omar Fayad, formalizaron esta semana una alianza para la creación de la primera aceleradora de negocios biotecnológicos en el país. El objetivo es ser capaces de generar conocimiento, desarrollar tecnología y brindar soluciones innovadoras para salvar vidas y mejorar la salud de los mexicanos.

La doctora Laura Palomares Aguilera, directora del Instituto de Biotecnología (IBT) de la UNAM y una de las principales promotoras de este proyecto, platicó con El Economista al respecto.

“La pandemia en efecto ayudó a generar más conciencia sobre este tipo de temas pero el proyecto tiene trabajo de muchos años atrás, un proyecto como el que ahora se concretó es único en México, no había existido una estructura así, en la que se buscara tender un puente entre la investigación básica del laboratorio y los pacientes”.

“Lo que va a hacer esta planta es manufacturar material para investigación clínica, es decir, vamos a tener un lugar para poder evaluar medicamentos o sustancias”. Palomares explica: “La producción en los laboratorios, que es donde se hacen los descubrimientos, tiene un nivel de exigencia, pero ya para poder evaluar en humanos es necesario cumplir con un nivel de exigencia mucho mayor, se necesita el desarrollo de procesos, una planta de manufactura y un laboratorio con la capacidad de cumplir con los requerimientos regulatorios que son básicamente sistemas de calidad, eso es lo que no estaba a disposición de los investigadores y lo que viene a solventar este proyecto”.

Desde el punto de vista de la especialista, el proyecto también tendrá un efecto cultural y de interacción humana, “porque el idioma que habla el investigador es diferente al que habla un industrial farmacéutico”, esta planta sirve para tender un puente entre estos dos lugares del mundo.

¿Por qué no dejarle esta tarea al sector productivo?

La doctora Palomares explica que la industria normalmente busca desarrollos que ya hayan demostrado eficacia en humanos y eso cuesta mucho dinero, “tener esta planta nos va a permitir generar la información completa con evidencia en humanos para convencer a la industria de que estos desarrollos tienen futuro”. Dijo que poder pasar del laboratorio de investigación a la realidad del sector es un gran paso, “podremos demostrar las cualidades de un potencial medicamento o vacuna y atraer un mayor interés. Esta es la razón por la cual una universidad tiene que estar involucrada en un proyecto como este, para hacer que nuestras investigaciones y logros lleguen a todos los mexicanos”.

Agrega que lo más difícil fue conseguir quien creyera en este proyecto y quisiera invertir, pues aunque la industria nacional decía estar interesada y se había generado un acuerdo con el gobierno federal en la anterior administración, la actual decidió no apoyar el proyecto, finalmente fue Hidalgo quien decidió tomar el proyecto como suyo y apoyarlo.

En política pública hay que preguntarles a los que saben

Analizar qué había pasado en México y por qué el déficit en la creación de vacunas fue el punto de partida para que el gobierno del estado de Hidalgo se interesara en el proyecto de la planta. “Vimos que nuestro país en un momento fue potencia en producción de vacunas, pero optar por la compra de productos finales fue la forma errática de conceptualizar o mirar sólo por encima las cosas, por eso perdimos supremacía y soberanía en nuestras capacidades; dejamos de invertirle al conocimiento, la ciencia y la tecnología, eso nos hizo dependientes”. explica Lamán Carranza Ramírez, titular de la Unidad de Planeación y Prospectiva del estado y enlace institucional para el proyecto.

El problema además tiene otras piezas, “hay un déficit en México entre universidades, la industria y los gobiernos, para que puedan cooperar y resolver problemas públicos, hoy frente a este déficit tenemos un reto global como es el Covid-19, pero este lo pudimos haber anticipado ¿Qué nos puede unir a todos los sectores de la sociedad? La solución de problemas comunes”.

Aunque esto suena fácil, Carranza asegura que ha costado mucho trabajo, pues normalmente las políticas públicas carecen de evidencia, “lo que ahora hicimos fue imaginarnos un escenario de futuro con menos problemas y eso nos permitió visualizar quiénes teníamos que unirnos para ayudarnos y resolver (…) Teníamos que preguntarles a los que saben, ese fue el enfoque de este gobierno, llegar a gobernar pero con evidencia y conocimiento, este es otro apartado que potencia las políticas públicas y su eficacia”.

El funcionario concluye que la planta aceleradora de negocios biotecnológicos es justo una respuesta a ese debate, “será el eslabón entre laboratorios, la industria, gobiernos y academia, todo para lograr una solución a ese rezago que se presentó en su momento”.

Datos del proyecto
  • Será la primera planta en América Latina dedicada a la producción de biotecnológicos, como: vacunas, anticuerpos monoclonales, proteínas como factores de crecimiento y moléculas que constituyen la medicina moderna.
  • La planta se concluirá en un año aproximadamente, pero tiene un trabajo previo de más de 15 meses.
  • Estará integrada por un Laboratorio Nacional para la Producción y Análisis de Moléculas y Medicamentos Biotecnológicos; una Planta de Escalamiento de Bioprocesos; y una Unidad Foránea del IBT.
  • Generará ingresos a partir de los servicios que ofrecerá a la industria, para cubrir gastos de operación y generar excedentes los cuales serán destinados a proyectos de ciencia, tecnología e innovación.
  • Tendrá una capacidad de producción de 16 lotes anuales; 2 para fines académicos y 14 para atender la demanda del sector privado. Estos lotes representarán una capacidad anual de producción de 400 mil unidades.

Con información de El Economista

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