Ante la sequía, los salmones de California migran en camiones

Enfrentada a una fuerte sequía, particularmente prematura este año, California halló una forma de ayudar a su famoso salmón real a llegar al océano Pacífico a pesar del pobre caudal de los ríos o su agua demasiado caliente: transportarlo por carretera, en camiones cisterna.

El Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California “extrae lecciones de los últimos quince años de liberaciones de salmón y de la sequía anterior para aumentar las posibilidades de éxito”, dice Jason Julienne, jefe de las instalaciones piscícolas en el norte del estado.

El salmón real o chinook (Oncorhynchus tshawytscha) es migratorio: nace en ríos, nada hacia el Pacífico cuando alcanza la madurez y puede pasar hasta siete años allí, pero regresa a sus aguas nativas para reproducirse y morir.

“El transporte de salmones bebés en camiones a los sitios de liberación ubicados río abajo ha demostrado ser una de las mejores formas de aumentar su supervivencia durante los períodos secos”, señala el experto.

La operación, que se inició en abril y debería continuar hasta junio, permite sortear de 80 a 150 kilómetros de ríos en los que se ha observado en el pasado una mortalidad significativa.

El primer transporte de alevines o crías por carretera comenzó en la década de 1980 y se organiza todos los años, pero este verano las autoridades planean aumentar 20% el volumen de peces.

En total, cerca de 17 millones de alevines viajarán en camiones desde cuatro criaderos de California.

El criadero de Feather River, adyacente a la presa de Oroville construida en 1967, es un usuario de larga data de esta operación.

Cada año, solo él produce unos ocho millones de alevines de salmón, a partir de los peces que remontan, de forma natural e instintiva, hasta este río donde nacieron.

– 20 millones de huevos –

Todo comienza frente a la represa, al pie de una escalera de peces de aproximadamente 1,5 km de largo, una estructura donde los escalones simulan los rápidos de un torrente de montaña.

“Los peces migrarán hacia arriba, porque es su instinto ir río arriba cuando están listos para desovar”, dijo a la AFP Anna Kastner, jefa del criadero.

A finales de mayo, varias decenas de ellos ya se apiñan en lo alto de la escalera, listos para ser empujados a un estanque del criadero donde el CO2 mezclado con agua permite sedar a los peces, los más grandes de los cuales pueden superar los 22 kg.

Allí son marcados y se les administra una inyección de vitamina B1 antes de ser liberados.

En unos meses, una vez alcanzada la época de reproducción, los huevos de las hembras serán extraídos y fecundados artificialmente con el semen de los machos.

Hasta 20 millones de huevos de salmón, colocados en bandejas regadas permanentemente por el agua del río Feather, como en su hábitat natural, serán luego almacenados en las instalaciones de la incubadora hasta que salgan los alevines.

Estos salmones bebé se mantienen al aire libre, en recipientes de alambre para evitar que sirvan como alimento a las garzas y otros depredadores, hasta que sean lo suficientemente grandes como para ser liberados en el mar.

“Nuestra tasa de supervivencia, desde que obtenemos los huevos hasta que implantamos los peces, es del 85% al 87%. Es mucho más alta en el criadero que en el río”, especialmente durante el período de sequía, cuando los huevos y los alevines pueden estar sometido a un gran estrés, dice Kastner.

Las operaciones de transporte de salmón a varios sitios en las costas del Pacífico, en particular en las bahías de San Francisco y Monterrey, implican a un total de casi 150 camiones cisterna especialmente adaptados.

Desde el 10 de mayo, las autoridades de California han declarado un estado de emergencia relacionada con la sequía en más de 40 condados.

El condado de Butte, donde se ubica la presa de Oroville, ya está clasificado en el nivel “excepcional”, el más alto.

No se espera que la situación, agravada por los efectos del cambio climático en el oeste de Estados Unidos, mejore hasta que regresen las precipitaciones en cinco o seis meses.

“Queremos asegurarnos de dar las mejores oportunidades posibles a los peces, porque no sabemos qué puede pasar. No tenemos lluvia”, lamenta Kastner.

(AFP)

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