A la maestra, con cariño, por Roberta Garza
Nadie puede acusar a Delfina Gómez Álvarez de dispendiosa. Su vida en el barrio de San Pedro siempre fue modesta, y lo que tiene lo ha ganado a pulso: se pagó solita sus estudios profesionales cuidando niños, cursó luego dos maestrías y pasó de maestra de aula de pueblo a directora de un colegio privado. De miembro del Sindicato de
Leer Más
Debe estar conectado para enviar un comentario.