Sin música, ferias o espectáculos, la cultura española celebra su funeral

El sector de los eventos y espectáculos culturales salió este viernes a las calles de 19 ciudades de toda España en un simbólico y masivo funeral, con el objetivo de llamar la atención de las administraciones antes de que la pandemia aseste un golpe letal a su trabajo.

Por Nora Olivé*

«Salimos para representar el evento más triste que podríamos organizar: un funeral por el sector. No estamos muertos, no, pero si no se toman medidas pronto, la escena cultural y de eventos quedará arrasada por la crisis», manifestaron en un comunicado los impulsores de la protesta, el movimiento Alerta Roja.

Reclaman medidas urgentes y adecuadas para salvar un sector que agrupa a más de 800.000 profesionales en toda España, muchos de los cuales vieron desaparecer sus ingresos con el cierre de salas de conciertos, la suspensión de ferias o la cancelación de los espectáculos.

Los representantes del mundo de los eventos denuncian que llevan «cerca de diez meses sin trabajar» y critican que «serán los últimos en volver» por culpa de la «inacción» de gobiernos y dirigentes políticos.

Es un escenario dramático que mantiene al sector en pie de guerra, y que llevó a cientos de trabajadores a protestar en las calles de ciudades como Barcelona, Madrid, Granada, Sevilla, Valencia o Zaragoza.

UN GRITO TRAS MESES DE AGONÍA

Son cantantes, guitarristas, bailarines, mánagers… pero también profesionales invisibles con tareas imprescindibles para que el show siga adelante: técnicos de sonido, trabajadores de catering, roadies, publicistas o backliners.

Es el caso de Guillem, un freelance en el mundo de la producción que trabaja para algunos de los principales festivales de Barcelona -el Primavera Sound, el Sónar o el Cruïlla- además de eventos tan importantes como el Mobile World Congress.

Cuando comenzó la pandemia tenía un contrato fijo con una empresa que preparaba a mediados de febrero la celebración del Mobile, el primer gran evento que fue cancelado en España por el coronavirus.

«Pasamos de tener una agenda de eventos inmensa a tener que llamar a técnicos y a todo el mundo para decirles que no había trabajo, y yo me quedé poco después en el paro», cuenta Guillem a Sputnik desde la manifestación convocada en Barcelona.

Le acompaña su amigo Jordi, técnico de sonido, que cuando estalló la crisis sanitaria,estaba de gira con una de las artistas más conocidas en el panorama musical español, la cantante Bad Gyal.

De los más de 70 conciertos previstos solo se llegaron a celebrar tres. «Dejó de llegar el dinero, de un día para el otro me dijeron que no podía ir a trabajar y llevo siete meses en casa, pagando impuestos pero sin cobrar nada», lamenta este profesional.

Ambos consideran que las administraciones no se preocuparon por su sector tanto como por el turismo, la restauración o los deportes durante los meses de pandemia.

La mayoría de trabajadores que se dedican a los eventos son autónomos, por lo que la falta de trabajo supone una pérdida de ingresos y les arroja a un escenario de gran precariedad económica.

«Siento que se tendría que tomar más en serio a un sector que da mucho trabajo, de forma directa e indirecta, a hoteles, restaurantes, taxistas, tiendas… Es un abanico inmenso y un gran motor de la economía, aunque a menudo se nos vea cómo la farándula», señala Guillem.

Su aporte al país no es solo económico, recuerdan, sino también emocional para una sociedad que necesita música, espectáculos, entretenimiento y cultura, quizás ahora más que nunca.

EXIGEN SOLUCIONES ADECUADAS Y SUFICIENTES

La banda barcelonesa «The Climb» iba a presentar su segundo disco el 20 de marzo, pero la llegada del covid-19 puso un punto y aparte al proyecto y obligó a cancelar una veintena de conciertos que tenía programados.

Explica su vocalista, Lyca, que se siente afortunado porque tiene un trabajo además de la banda; su guitarrista corrió peor suerte, porque vive exclusivamente de la música y lleva desde entonces sin cobrar.

Desde Alerta Roja sostienen que las «tímidas medidas» que puso en marcha el Gobierno y las distintas administraciones no llegaban a resolver el 10 por ciento de los problemas que atraviesan los profesionales de la industria.

«Que nos den soluciones para poder volver a hacer nuestro trabajo, porque estamos todos estancados y no vemos ni ayuda ni una luz al final del túnel», dice el músico.

A su lado asiente Bárbara, que trabaja una orquesta y dos bandas de versiones y también disfrutaba de una ajetreada vida profesional antes de la pandemia, con más de 120 bolos y conciertos en el calendario que fueron posteriormente cancelados.

Esta artista lamenta que ella y sus compañeros se están «muriendo de hambre desde marzo» mientras en todo el país progresivamente volvieron a abrir bares y restaurantes, iglesias, canchas de fútbol y próximamente pistas de esquí.

«Insuficientes» e «incoherentes» son los adjetivos que utilizan estos profesionales para definir las ayudas recibidas hasta la fecha.

Entre las demandas de Alerta Roja está precisamente el reconocimiento a las particularidades de una industria caracterizada por la intermitencia de actividad y la temporalidad de gran parte de sus trabajadores, algo que dificulta el acceso a prestaciones o subsidios.

Esto les sitúa en una situación «alarmante» y tan grave como la de otros sectores económicos impactados por la pandemia.

Los impulsores de Alerta Roja llegaron a reunirse con el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, pero no fueron recibidos por el Ministerio de Seguridad Social, tal como solicitaron.

Denuncian que los dirigentes del Gobierno les hicieron promesas que luego incumplieron, y critican el prevalecimiento de estrategias políticas y partidistas por encima de la urgente necesidad de familias y empresas.

«La gente está vendiendo sus instrumentos, vendiendo camiones, altavoces y equipos para poder sobrevivir. Por supuesto que estamos en un funeral, nos damos por muertos», zanja Bárbara, vestida de luto, dice, por su futuro profesional y el de sus compañeros.

*Sputnik

Un comentario

  • https://www.votoenblanco.com/photo/art/grande/51733129-39638903.jpg?v=1607406805

    En España
    Los políticos roban, mienten y empujan el país hacia el abismo, el jefe del Estado se queda quieto frente al caos, los militares agachan la mirada en sus cuarteles, los periodistas desinforman y se someten a los poderosos, los jueces son parciales y responden a influencias eternas inconfesables, el gobierno malgobierna, los ciudadanos soportan vejaciones, injusticias y esclavitud, los independentistas acuchillan a España y desobedecen las sentencias judiciales, el gobierno se rodea de partidos que odian a España y rechazan la democracia, los partidos políticos no respetan la democracia.

    Los políticos roban, mienten y empujan el país hacia el abismo, el jefe del Estado se queda quieto frente al caos, los militares agachan la mirada en sus cuarteles, los periodistas desinforman y se someten a los poderosos, los jueces son parciales y responden a influencias eternas inconfesables, el gobierno malgobierna, los ciudadanos soportan vejaciones, injusticias y esclavitud, los independentistas acuchillan a España y desobedecen las sentencias judiciales, el gobierno se rodea de partidos que odian a España y rechazan la democracia, los partidos políticos no respetan la democracia y no defienden el bien común, el dinero se despilfarra, la corrupción sigue galopando, el país está llene de ineptos con poder… En España nadie cumple con su deber.

    Leyes inicuas, como las de género, que discriminan al hombre y benefician a la mujer, y las que protegen a los okupas, ladrones de viviendas con blindaje, entre otras muchas, siguen vigentes sin que nadie las anule o reforme.

    De nada sirve en España que la opinión pública quiera algo si los partidos políticos quieren lo contrario. La voluntad popular vale menos que un excremento de perro en las calles. Mas de medio país grita “Sánchez vete ya”, pero el inepto arrogante sigue en su puesto, indiferente al clamor. Otra parte importante de la sociedad exige que los comunistas incrustados en el gobierno sean expulsados del poder, pero ese deseo tampoco se cumple. En España prevalece siempre la voluntad de los poderosos sobre la soberanía popular, lo que convierte a esta nación en un estercolero.

    No hay sociedad civil, ni organizaciones independientes al margen de la política, como exige la democracia. Hasta las universidades están controladas por el Estado, cuyo poder penetra en los ámbitos propios de la ciudadanía como las asociaciones, cofradías, fiestas populares, etc. España, que se proclama democracia, es una tiranía de hecho, tan autoritaria como Cuba o Venezuela, aunque por ahora sin represión sangrienta.

    Los poderes básicos del Estado, que tienen que funcionar libre e independientemente en democracia, están sometidos al poder Ejecutivo y a los partidos políticos. Los diputados y senadores son muñecos de trapo manejados por sus partidos y el Congreso y el Senado, en lugar de ser templos del debate libre, son ridículas palestras para las peleas y para la obediencia ciega a las consignas y órdenes de los líderes.
    Pero hay más ejemplos escandalosos de incumplimiento del deber: jueces sometidos y parciales, policías que cumplen órdenes inicuas, políticos divorciados del pueblo al que dicen representar, inspectores corrompidos, delincuentes con mucho poder instalados en los palacios y ministerios y la carrera política convertida en un refugio para arribistas, corruptos y rufianes.

    Pero en todo este lamentable estado de suciedad y fracaso, quien incumple su deber de manera más vergonzosa y triste es el pueblo, que en democracia obligado a vigilar, criticar y controlar a los políticos, pero a los que, por dejadez y cobardía, les ha permitido convertirse en depredadores de la nación y del bien común, en ladrones y destructores de la libertad, la justicia y la democracia.

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